ribbon

Un gran músico español

6 de septiembre de 2013

|

Manuel de Falla

Cuando hablamos de nacionalismo musical español, un nombre no puede faltar: Manuel de Falla. A él dedicaré mi comentario de hoy.
Nace en Cádiz, el 23 de noviembre de 1876, y fallece en Buenos Aires (Argentina) diez días antes de cumplir setenta años: el 13 de noviembre de 1946, dejando un catálogo de obras extenso, entre cuyos títulos sobresalen: Siete canciones populares españolas, para voz y piano; Noche en los jardines de España, para piano y orquesta; El amor brujo, ballet; El sombrero de tres picos, ballet; La vida breve, ópera; Homenaje a Debussy, para guitarra, y la obra escénica para solistas vocales y cinco instrumentos: El retablo  de Maese Pedro. Dejó inconclusa Atlántida., considerada cantata escénica, aunque él la denominó oratorio.
Descendiente de una familia burguesa y amante del arte, Falla recibió las primeras lecciones musicales de su madre siendo aún niño, cuando ya había evidenciado una gran fantasía, al crear un pequeño teatro de marionetas en su propia casa, donde el personaje principal era Don Quijote quien, años más tarde inspiraría El retablo de Maese Pedro. También por entonces surgió Atlántida, de la que él mismo expresó: “Existía dentro de mí desde la infancia. En Cádiz, mi ciudad natal, se me ofrecía el Atlántico a través de las columnas de Hércules y mi imaginación volaba hacia el más bello jardín de las Hespérides”.
El talento de Falla para el piano era extraordinario, pero el de compositor no se quedaba atrás, por lo que decidió viajar a la capital del país para continuar sus estudios, y a los veintitrés años obtuvo el Premio de Piano del Conservatorio de Madrid; no obstante, él estaba decidido a abrirse camino como compositor y, a las partituras escritas en Cádiz añadió varias canciones. Pero lo que estaba de moda era la zarzuela y, como los negocios familiares habían sufrido una seria crisis económica, el joven comenzó a colaborar con Amadeo Vives para ganar algún dinero, aunque también compuso en solitario tres obras de este género. A comienzos del siglo XX, Falla recibe clases de Enrique Pedrell, padre del nacionalismo español, quien marcará su vida para siempre. En 1904, obtiene mención en el Conservatorio de Madrid con su Allegro de concierto para piano, pues el Premio le fue concedido a otro grande de la música española: Enrique Granados. Ese mismo año, obtuvo el Premio de composición con su ópera: La vida breve, en el concurso convocado por la Academia de San Fernando, pero a pesar de que le prometieron estrenarla, jamás lo hicieron. Algún tiempo después, Manuel de Falla viaja a París, que se convertiría en su segunda patria, y fue allí donde, gracias a la gestión de Paul Dukas, se estrenó La vida breve, en la Opéra Comique. A ese estreno siguieron otros. Luego de siete años de estancia en la capital francesa, Falla regresa a Madrid convertido en gran compositor más que pianista, y en el Teatro de la Zarzuela se escucha por primera vez su ópera, bajo la dirección de Pablo Luna y, al año siguiente, sus Siete canciones populares españolas. Profundo conocedor del cante jondo, escribió El amor brujo, la obra más representada y aplaudida de este compositor español, a la que siguieron: Noche en los jardines de España, El sombrero de tres picos y El retablo de Maese Pedro, que fue estrenada en Sevilla en 1923, cuyo éxito fue extraordinario. Por sus cincuenta años de vida, en 1926, esa ciudad le nombró Hijo Adoptivo, y le erigió un célebre busto.
Luego de numerosos estrenos y homenajes, Falla recorre varias ciudades argentinas, mientras compone Atlántida; pero su salud se debilita día a día y muere de un infarto cardíaco, en la ciudad de Altagracia, de donde fue trasladado a Buenos Aires y, finalmente a Cádiz, donde reposan sus restos.
Atlántida fue reelaborada por el compositor Ernesto Halffter, heredero de las enseñanzas del maestro, y estrenada, solemnemente, el 9 de septiembre de 1976 en la Kinsthaus de Lucerna, bajo la dirección de Luis Cobos. Con esta obra, se inauguró el Auditorio Nacional de Música de Madrid, el 21 de octubre de 1988, con Monserrat Caballé, Teresa Berganza, Vicente Sardinero y el Coro y la Orquesta Nacionales dirigidos por López Cobos.

Galería de Imágenes

Comentarios