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¡La basura que botamos al mar!

12 de julio de 2013

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Arrojados al mar, los plásticos, además, absorben sustancias contaminantes que los convierten en peligroso veneno

Los plásticos arrojados al agua salada del mar, además de intoxicar a cientos de especies marinas que los confunden como alimento, de asfixiar a tortugas y otros animales, y de desintegrarse poco a poco en partículas minúsculas que terminan por acabar en las playas, los mares, los ríos, absorben otras sustancias que los hacen aún más peligrosos.
Según un artículo publicado en el portal de ecología TreeHugger, científicos observaron que los plásticos más comunes, usados como empaques en todos los tipos de industria, absorben varios tipos de “Contaminantes Orgánicos Persistentes”, sustancias tóxicas creadas por el hombre y con un tiempo de larga permanencia en el medio ambiente.
Los pesticidas, insecticidas y herbicidas entran dentro de esta categoría, y llegan a contaminar los mares por distintos medios. Los plásticos como el PVC, el PET y el polipropileno, que ya están en el mar, absorben estos compuestos, que terminan “integrándose” en la cadena alimenticia y afectando a todo el ecosistema marino, envenenando a los animales, a la flora y por supuesto a los seres humanos que consumimos alimentos de mar.
Una noticia preocupante. Aunque hoy botáramos el último empaque plástico al océano, tendrían que pasar cientos de años para que se descomponga todo el plástico que contamina al mar en este momento. ¡Lastimosamente, El Gran Parche de Basura del Pacífico seguirá existiendo más allá de nuestro tiempo!
¿Qué es el Gran Parche de Basura del Pacífico?

La Sopa de Plástico, también conocida como Sopa de Basura, Sopa Tóxica, Gran Mancha de Basura del Pacífico, Remolino de Basura del Pacífico y otros nombres similares, es una zona del océano cubierta de desechos marinos en el centro del océano Pacífico Norte, localizada entre las coordenadas 135° a 155°O y 35° a 42°N. Se estima que tiene un tamaño de 1.400.000 km². Este basurero oceánico se caracteriza por tener concentraciones excepcionalmente altas de plástico suspendido y otros desechos que han sido atrapados por las corrientes del Pacífico Norte. A pesar de su tamaño y densidad, el lote de basura oceánico es difícilmente visible mediante fotografías satelitales y no es posible localizarlo con radares.
Señalan medios de prensa que ¡es una gran “sopa de plástico” que flota en el océano Pacífico con un tamaño dos veces el territorio de Estados Unidos, el mayor vertedero del mundo. La mancha cubre cerca de 500 millas de la costa de California, rodea Hawai y “Se mueve como si fuera un gran animal sin correa”, capaz de provocar catástrofes cuando se acerca a la costa. “Con frecuencia se aproxima al archipiélago hawaiano, dejando la costa cubierta de plásticos”.
El descubridor de la mancha, Charles Moore (oceanógrafo norteamericano), estima que la mancha contiene unos cien millones de toneladas de desperdicios. El la descubrió por casualidad en 1997 durante un crucero de Los Ángeles a Hawai al navegar por un vórtice que los marineros generalmente evitan porque hay poco viento y mucha presión.
Doce años después se descubrió que la Mancha de Basura del Atlántico Norte está relacionada también con el giro oceánico del Atlántico Norte (Un giro oceánico, en oceanografía, es cualquier gran sistema de corrientes marinas rotativas, particularmente las que están relacionadas con los grandes movimientos del viento).
Se estima que el 80% de la basura proviene de zonas terrestres y el 20% de barcos del océano. Las corrientes portan desechos desde la costa oeste de Norteamérica hacia el vórtice en unos 5 años, y los desechos de la costa este de Asia en un año o menos.
El Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterrey investigó acerca de la basura depositada en la superficie del mar Pacífico y hasta una profundidad de cuatro mil metros, en especial en el Cañón de Monterrey. El cañón de Monterrey, es uno de los mayores cañones submarinos del mundo, comienza frente a las costas de Moss Landing (California) exactamente en el centro de la Bahía de Monterrey. Esta bahía es hogar de muchas especies de mamíferos marinos, incluyendo a nutrias marinas, focas del puerto y delfines mulares; es ruta migratoria de ballenas grises y ballenas jorobadas y un sitio para la cría de elefantes marinos. También viven en la bahía, muchas especies de peces, tiburones, moluscos como el abulón y calamar, aves y tortugas marinas. Muchas variedades de algas crecen en la bahía, llegando a formar lo que se conoce como “bosque de algas marinas”.
El estudio en el cañón, reveló que la mayor cantidad de desecho se está acumulando a grandes profundidades, más de dos kilómetros, además en las zonas rocosas sobresalientes. Los técnicos revisaron las imágenes captadas durante 22 años y registradas en 18 mil horas de videos recogidos por vehículos de control remoto. De ahí identificaron unos 1500 residuos en alta mar desde la isla Vancouver hasta el Golfo de California y hacia el oeste hasta Hawái.
La mayoría de los objetos encontrados eran de plástico, y de éstos, la mitad, precisamente, fueron bolsas de plástico, que tienen la facultad de estrangular y asfixiar a los animales que las consumen, por lo que son consideradas los elementos más peligrosos.
En segundo lugar se observaron objetos metálicos. Dos tercios de éstos eran de aluminio, acero y latas.
En tercer lugar se encontraron otros productos, donde sobresalen cuerdas, equipos de pesca, botellas, y artículos de tela.
¿Cuánto tardan en desaparecer?
Tiempo estimado de descomposición de
productos comunes en el mar

OBJETOS    TIEMPO
Una manzana    2 meses
Un par de medias de lana    1 – 5 años
Un vaso plástico    50 años
Una boya    50 años
Hilo de pescar    600 años
Una lata    50 años
Un cartón de leche    3 meses
Plásticos normales para envasar bebidas    400 años
Botella de vidrio    Indeterminado
Plásticos biodegradables para envasar bebidas    6 meses
Madera    1 —  3 años
Botella de plástico    450 años
Bolsa de plástico    10 – 20 años
Cartón de leche    3 meses
Caja de cartón    3 meses
Pañal desechable    450 años
Periódico    8 semanas
Colillas de cigarros    1 – 5 años
Una lata de aluminio    200 años
Camisa de algodón    2 – 9 meses
Un pañuelo    2 – 5 meses
Es tal la acumulación de basura, que los investigadores llegaron a la conclusión de que la eliminación de dichos residuos a gran escala es prohibitivamente cara, y que, incluso, sacarla podría llegar a hacer más daño que simplemente dejarla en su lugar.
Además, el agua casi congelada, la falta de luz solar y la baja concentración de oxígeno desalientan el crecimiento de bacterias y otros organismos que pueden descomponer los desechos. En estas condiciones, una bolsa de plástico o una lata de refresco podrían persistir durante décadas, señalan los científicos.
Pero la Gran mancha del Pacífico no es la única. Hay cinco giros oceánicos en el mundo y ya se han encontrado grandes concentraciones de plástico en otros sitios, como por ejemplo en el Mar de los Sargasos, parte del giro del Atlántico Norte.
¿Cómo afecta a los animales esta contaminación?
Se estima que más de un millón de pájaros marinos y 100 000 mamíferos y tortugas marinas mueren cada año por la ingesta de plástico. ¡Son asesinadas! Jeringuillas, cigarrillos, trozos de cuerdas plásticas,  cepillos de dientes han sido encontrados en los estómagos de muchos animales muertos, y unas 300 especies son sus principales víctimas.
La Sociedad Mundial para la Protección Animal, ha presentado un informe que demuestra el grave daño que produce a los grandes animales marinos, la basura que botamos a los océanos. Según el estudio de esta organización, cada año, un total de 57 000 focas, leones marinos y ballenas quedan atrapados entre la basura que desecha el ser humano al mar. Los animales se enredan en estos desechos, quedan atrapados y pueden morir por asfixia o sufrir mutilaciones en partes de su cuerpo, lo que puede impedirles nadar o quedar vulnerables ante los depredadores. En cualquier caso, su vida corre peligro. Por otra parte, los residuos impiden una correcta alimentación, ya que algunos animales los confunden con comida y los ingieren, con riesgo de muerte por la toxicidad de los residuos.
Si una ballena queda atrapada en una línea de pesca, aunque luego sea liberada, sufrirá un dolor crónico durante meses debido a las heridas provocadas. Además, puede estar días sin comer y las heridas pueden afectar sus movimientos y su capacidad para bucear y nadar.
La mayoría de los peces están siendo perjudicados por los desechos. El 9% de los peces recogidos en la expedición Seaplex tenían fragmentos de plástico en el estómago. La investigación realizada, estimó que los peces en profundidades intermedias en el Pacífico Norte podrían ingerir entre 12 000 y 24 000 toneladas de plástico cada año.
Los investigadores estiman que la presencia de plástico es tan masiva que podría afectar también a los organismos marinos más diminutos.

Cambios inquietantes. La toxicidad es el problema más común, pero el plástico tiene otros impactos más amplios en el ecosistema que deben ser estudiados. Por ejemplo, la abundancia de basura influirá el éxito o fracaso de las llamadas comunidades balseras: especies que se han adaptado a vivir sobre o en torno a objetos flotantes en el mar, como ciertos cangrejos y percebes, o crustáceos, e incluso peces que prefieren vivir bajo algún tipo de protección.
¿Qué efecto está teniendo el incremento de superficies firmes en el océano abierto?
Por ejemplo, en el Pacífico Norte, no hay grandes cantidades de algas flotantes como en el Mar de los Sargazos en el Atlántico Norte. Los animales, las plantas y los microbios que viven sobre superficies firmes son diferentes de las que viven flotando en el agua. Lo que ha hecho la basura de plástico es agregar cientos de millones de plataformas duras al Océano Pacífico. Estamos hablando de un cambio muy profundo. Algunos desechos en las zonas fangosas del océano provocan cambios más sutiles. Se utilizan a menudo como refugio por los animales del fondo marino, o como una superficie dura sobre la que los animales se sitúan. Aunque estas asociaciones parecen beneficiar a los animales individuales involucrados, también reflejan el hecho de que los desechos marinos están creando cambios en las comunidades biológicas naturales existentes.
Un insecto inesperado. Parece que el único beneficiado por esta gigantesca “isla de basura” es el insecto Halobates sericeus que deposita sus huevos sobre los fragmentos de basura plástica.
El plástico que no se hunde es lentamente degradado y fragmentado por la acción del sol y las olas, dando lugar a múltiples trozos del tamaño de una uña o menores. Los fragmentos hacen más fácil que este insecto marino ponga sus huevos en el océano. Estos insectos necesitan una “plataforma” para realizar esta tarea. En general depositan sus huevos sobre las plumas de las aves marinas o trozos de roca pómez. Pero el insecto se está beneficiando claramente de las superficies ofrecidas por los millones de trozos de plástico en el Pacífico Norte. Los científicos pensaron que con el pasar de los años habría menos Halobates debido al posible efecto tóxico del plástico. Pero ocurrió lo contrario. En las áreas con más plástico se encontraron también la mayor cantidad de insectos. Obviamente se están congregando en torno del plástico, depositando sus huevos sobre este material. Todo este plástico ha resultado muy útil a los insectos.
Un estudio realizado tomando muestras de alimentos regurgitados de 18 especies de aves marinas en ocho islas hawaianas reveló que el insecto patinador Halobates sericeus se encontró en la dieta de nueve especies de aves, pero puede ser considerado como un elemento fundamental en la alimentación de cuatro especies: el azul-gris Noddy, Procelsterna cerúlea; el petrel Bonin, Pterodroma hypoleuca; la golondrina de mar gris con respaldo, Sterna lunata y del petrel de Bulwer, Bulweria bulwerii. El bobo azul-gris, Sula nebouxii es el depredador aviar más importante de diferentes especies de Halobates, y la mayoría de las veces utiliza exclusivamente este alimento, pudiendo reducir considerablemente las poblaciones de los patinadores de mar en sus territorios de alimentación.
Conclusiones.
Somos la tercera generación en utilizar el plástico masivamente en diferentes actividades de nuestras vidas, y aunque nos ha beneficiado y mejorado nuestra calidad de vida y de los productos que consumimos, su reciclaje todavía es insuficiente y este termina contaminando el agua que tomamos y los alimentos que consumimos, así como el que consumen los animales. El plástico hace portable el agua que bebemos, pero puede mutilar, intoxicar y matar animales marinos.
La isla formada por basura plástica situada en el noreste del Océano Pacífico se multiplicó por cien en los últimos 40 años. El plástico que no se hunde, se degrada, pero muy lentamente. También se fragmenta por la acción del Sol y las olas. En definitiva, se descompone en múltiples trozos del tamaño de una uña o, incluso, menos. Botellas, bolsas de plástico, latas, cuerdas y muchos otros desechos, que las personas lanzan a mares y ríos, contaminan el planeta y producen un terrible sufrimiento y angustia a miles de animales. Como la “Isla Tóxica” se encuentra flotando en aguas internacionales nadie asume la autoría de los vertidos y no existe gobierno que se haga responsable.
Es un problema que sólo puede resolverse con la colaboración de todos, en cada ciudad, cada barrio, cada casa. Atajar la raíz del problema, esto es, no desechar los residuos peligrosos y gestionar de manera correcta la basura. La mayoría del material que forma esta isla de basura es vidrio, metal, papel, plástico: Todos estos materiales podrían ser reciclados.
La prevención de la introducción de la basura en el medio ambiente marino, a través de una mayor conciencia pública, sigue siendo la solución más eficiente y rentable a este dilema. Aquí sigue vigente la teoría del “granito de arena”.
Quizás mi sola actitud no mejore mucho la situación del panorama mundial, pero yo, más todos los demás, lograremos algo y tendremos la conciencia tranquila de hacer todo lo posible porque la situación no empeore.
La solución más inminente por el momento es:
Reciclar la basura en lugar de permitir que termine en el océano.
Recordemos que…”la Naturaleza inspira, cura, consuela, fortalece y prepara para la virtud al hombre”. Sólo hay un modo de que perdure: respetarla y servirla.

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