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Triste Ramadán

16 de julio de 2013

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Se ha iniciado el noveno mes del calendario lunar, mes del ayuno musulmán o Ramadán. Las noticias son desafiantes. Parece que se ha olvidado que más de mil millones de personas de todo el Planeta practican esa religión y esperan la festividad para orar en paz y “limpiar” su alma, dejando de ingerir alimentos desde antes del  alba y hasta la puesta del sol, suspendiendo toda actividad ajena al reclamo religioso.
De Paquistán los reportes de las agencias de prensa se refieren a muertos y heridos tras un atentado en una mezquita donde los creyentes oraban.
Otro tanto, en mayor magnitud, sucede en Iraq donde una verdadera avalancha de atentados suman más muertes a un año 2013 en el que ya se reportan más de 300 fallecidos, lo mismo víctimas de los coches bomba que de suicidas que cubren su cintura con kilogramos de dinamita que hacen estallar.
En Egipto,  mientras tanto, en plazas cubiertas por la sangre de musulmanes islamistas o no islamistas, una sociedad totalmente dividida se encamina a una indetenible guerra civil sin que para ello medie el reclamo de paz de los millones que oran desde el comienzo mismo del Ramadán.
Un ejercicio religioso iniciado hace 1429 años y llevado a la práctica con el objetivo expreso de enseñar a los musulmanes la paciencia y la humildad, se enfrenta en nuestros días con una realidad que hace triste la celebración, por cuanto las guerras externas y las luchas internas entre fracciones religiosas, han convertido este mes de ayuno en una especie de pausa, donde lo mismo se cuentan muertos y heridos que se acude a rezar en plazas y calles ante la ausencia de la mezquita hecha añicos por obra y gracia de las bombas.
Los que incitan el odio y la venganza imponen un sello de angustia que mutila oraciones y esperanzas de los millones que se someten a esa prueba purificadora de un mes de ayuno.
Cuando este miércoles cerca de 100 000 pelegrinos musulmanes acuden a la Meca, Arabia Saudita, venidos de todas partes del mundo, una plegaria masiva y conmovedora surcará el éter como un hilo de esperanza en un mundo que necesita la paz.
La historia recoge que el Islam se guía por el calendario lunar, y el mes de ayuno empieza con la  aparición de la luna, a finales del Sha´ban (octavo mes del calendario).
El año en el calendario lunar es 11 o 12 días más corto que en el calendario solar, por lo que las fechas no coinciden todos los años con las mismas del gregoriano de uso universal.
A su vez, la llegada del mes del Ramadán trae consigo uno de los acontecimientos más importantes y especiales, tanto real, como simbólicamente, para un musulmán: el conocido Lailat-ul Qardr, (la noche del decreto), en la cual, según la tradición es cuando el profeta Mahoma recibió la primera revelación del sagrado Corán y así comenzó su misión como profeta y mensajero de Alá.
Hoy, la reflexión musulmana y no musulmana, debe advertir sobre todas las miserias humanas que afectan la verdadera religiosidad inherente al Ramadán, y, en primer lugar cada plegaria dirigirla a la búsqueda de la paz y la felicidad como componentes fundamentales para la práctica de cualquier religión o credo.

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