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El retorno del fascismo dirigido por Estados Unidos

25 de julio de 2026

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Cuando hace casi cien años los pueblos del mundo -incluido el pueblo estadounidense- pensaron haberse liberado definitivamente del flagelo que significó la ideología fascista para la humanidad y concibió la esperanza de iniciar una nueva época de paz, colaboración y respeto al derecho internacional bajo la égida de la recién creada Organización de Naciones Unidas (ONU) y su Carta fundacional, nadie hubiese imaginado que desde el mismo gobierno que formó parte de aquella alianza e ingresó al Consejo de Seguridad de la ONU como miembro permanente, iba a producirse los nuevos llamados a la integración esta vez de una semejante coalición equivalente a la de Berlin-Roma-Tokío que en la década de los años 30 del pasado silo forjó la criminal barbarie encaminada a imponer, sus ideas e intereses, su explotación y xenofobia, su racismo y ambiciones de poder mundial pasando por encima de todas las normas jurídicas y valores entonces existentes y referidos al derecho internacional y las relaciones pacíficas, que una vez quiso también proteger la Sociedad de Naciones.

Acciones de alta violencia y criminalidad, ilegalidad y traición -todo mezclado- fueron la invasión nazi a Polonia para continuarla contra la URSS; el ataque sorpresivo a la base estadounidense de Pearl Harbor en el Pacífico y el lanzamiento de las dos bombas atómicas por parte de Estados Unidos contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.

No deja de asombrar, por tanto, que al cabo del tiempo transcurrido y de dos devastadoras guerras mundiales, sea hoy desde el Departamento de Estado del régimen actualmente instalado en Washington que tenga lugar el inédito llamamiento a renovar, alentar y fortalecer los restos de la ideología fascista y lanzarlos nuevamente sobre los pueblos del mundo sin distinción, incluido al propio pueblo de Estados que ya sufrió intentos semejantes durante el período conocido como “macartismo”.

Fue el senador Joseph L. Mc Carthy quién actuó como punta de lanza de aquel período de persecución y acoso contra otros políticos de ambos partidos; funcionarios públicos y figuras intelectuales y artísticas como Charles Chaplin y Paul Robeson; académicos, profesores, centros universitarios y hasta el propio Departamento de Estado no pudo librarse de las locas e interesadas acusaciones de Mc Carthy.

Paradójicamente es hoy desde esa propia instancia gubernamental que se ha lanzado el proyecto de retorno del fascismo, dirigido con preferencia hacia América Latina aunque no excluye a otras regiones del mundo y ni siquiera a su socio israelí, que del fascismo no debe tener una agradable recuerdo seguramente.

El neofascismo dirigido y alentado desde EE.UU., incluido al interior de sus propias fronteras, está siendo una de las grandes sorpresas del siglo XXI.

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