La gran mentira del “Modelo único”
26 de junio de 2026
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Entre las muchas falacias, mitos, falsedades o simplemente vulgares mentiras que los ideólogos del capitalismo neoliberal más intransigente y de la “democracia representativa” con visos fanáticos pululan en los tiempos más recientes, -no sin el apoyo de las “redes sociales” en manos de los consorcios del sistema, más recientes, -no sin el apoyo de las actuales “redes sociales” en manos de los consorcios del sistema -se encuentra la difusión de la falsa idea de que en la sociedad humana de hoy existe ya un “modelo único” de desarrollo social, económico e incluso político que es adaptable por igual y de obligada entronización a todos los países del mundo sin excepción.
Tal principio es no solo falaz sino también contradictorio con todo el decursar histórico de la humanidad que, como ampliamente se conoce, los ha visto transcurrir a lo largo de los siglos y de los miles de condicionamientos transformadores citados por estudiosos, investigadores y sabios de las más diversas épocas y nacionalidades entre los cuales, hasta ahora, Carlos Marx y Federico Engels parecen haberse llevado las palmas.
Desde la comunidad primitiva hasta la aparición de la explotación del hombre por el hombre; desde el absolutismo y la nobleza, las monarquías y los sultanatos; desde el feudalismo medieval y la esclavitud forzada no asalariada en metrópolis y colonia; el largo recorrido ha mostrado su adaptación temporal o fin -según el caso- y ha intentado hacerlo mirando hacia un modo sucesor o alternativo que siempre mire hacia la prosperidad o el progreso.
Ahora, sin embargo, al cabo de tan extenso viaje sucesorio, el imperialismo norteamericano, en función de pretendida cabeza del sistema capitalista mundial, se esfuerza por pregonar e imponer que existe para la humanidad un supuesto “modelo único” que debe doblegar, gobernar y dictar su voluntad a todos los confines de este mundo, aun hasta sus más “oscuros rincones”.
Huelga decir que la intención es costosa y está llamada a pagar un alto precio por parte de sus insistentes e irracionales autores. La explotación capitalista llegada a su fase superior imperialista parece haber movido esas intenciones de expansión, ambición y lucro más allá de la justicia social y la democracia participativa.
No es difícil advertir que, no obstante, los delirios impositivos del “modelo único” y sus autores tropiezan cada vez con mayor resistencia y voluntad de hallar finalmente el modelo que a cada uno mejor corresponda y que una mayor cuota de felicidad -como afirmara Simón Bolívar- represente para su pueblo.
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