¿A quién beneficia la crisis del petróleo?
14 de marzo de 2026
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Tal como muchos habían previsto, la agresión militar del gobierno imperialista de Estados Unidos y su socio terrorista-sionista el titulado Estado de Israel, ocupante ilegal de tierras que no le pertenecen y sostiene por la fuerza desde hace más de medio siglo -llegó hasta un punto central de disputa que no solo se concentra en el lugar de la agresión y sus consecuencias bélicas sino que se extiende a todo el resto del planeta al tratarse de un elemento actuante, presente y necesario en las más diversas o lejanas latitudes, indispensable no solo a la economía, la producción y los servicios sino a los más elementales procederes de la vida cotidiana.
Hablamos, por supuesto, del petróleo y también, en cierta medida, de su acompañante el gas.
A partir de la revolución industrial, la aparición de la máquina de vapor y otros desarrollos científico-técnicos del siglo XIX y los comienzos del XX, el petróleo fue acompañado por la rebatiña capitalista, colonialista e imperialista que lo consideró como factor ineludible e indispensable para ejercer el poder hegemónico y explotador dentro del sistema extendido a lo largo y ancho de todo el ámbito mundial.
Las contradicciones interimperialistas más sangrientas y destructivas han tenido como eje en los tiempos más recientes el control monopólico sobre el petróleo y sus derivados y han confirmado así el doble papel de ese mineral como elemento de progreso o como maldita causa de guerra, crimen y muerte.
Nada más parecido que la confrontación actual que vive el mundo, cuando los poderes del capitalismo imperial buscan extender y profundizar el control petrolero y convertido en un instrumento de control geopolítico a su servicio, su dominio, su utilidad y su insaciable beneficio. Quienes se aparten de esa línea corren el riego de ser destruidos o exterminados, aún cuando con ello desaparezca también la riqueza que contienen.
En el caso de la agresión yanqui-sionista contra Irán, la geografía juega un papel que los atacantes al parecer intentaron evitar pero no han logrado: es la existencia del Estrecho de Ormuz en la boca del Golfo Pérsico, que obliga a cruzar a través de ese enclave natural al 20% de la producción y exportación del petróleo mundial. que sale desde el Golfo hacia el Océano Índico y otros mares adyacentes, asegurando así su comercialización y suministro.
Con excepción de los países que poseen una gran riqueza petrolera propia, el resto depende de ese activo y enriquecedor comercio petrolero, envuelto en un constante sube y baja de precios y de abastecimiento, dentro del cual tienen una importante presencia los monopolios petroleros estadounidenses como grandes beneficiarios, siempre en lucha con los más pequeños a los que tratan de doblegar o hacer abandonar el campo.
Con el cierre de Ormuz, Irán parece haber dado un duro golpe en el centro de su ambición a las petroleras yanquis, pues a los altos precios se suma la escasez del combustible, contribuyendo a una crisis petrolera mundial que afecta también a las de Estados Unidos y a la utilización del petróleo como arma de sanción política.
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