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Un nuevo protagonista: el teatro de resistencia

12 de abril de 2013

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En el trazado de las artes cubanas de la segunda mitad del siglo XIX apareció de forma pública la expresión de la resistencia cultural. El país se encontraba en el estadio de una nueva cualidad ante la situación que vivía bajo el muy extenso dominio colonial de España. Cada vez más la Isla se alejaba del añejo poder europeo cuando la ruta de su pueblo marchaba hacia la existencia de una nueva cualidad que demostró la transformación de criollo en cubano.

El teatro no escapó a su lugar como parte del protagonismo de un nuevo sentir social que en el espacio de las tablas de Villanueva se llenó con sangre el telón de una memorable y primera expresión del teatro cubano. Pero esas circunstancias demostraron que ya no era posible callar y el escenario fue el tribuno colectivo para mostrar su incompatibilidad social con el poder de un régimen  cuya decadencia necesitaba un cambio trascendental.

La radiografía burlesca estuvo a la altura de la gracia criolla plena de gracia. Ella logró dibujar desde expresiones vernáculas el vigor de un paisaje social donde se expresó como vocero de los verdaderos dueños del país dominado aún por la corona española en contra de su voluntad. Y fue amordazada aquella manifestación hasta después de la Paz del Zanjón.

Una segunda etapa se abrió con las fuerzas que se reunieron alrededor de Miguel Salas a partir de agosto de 1879 que conquistó rápidamente la preferencia del público hacia las tablas. Pero paralelamente surgió otro fenómeno que lo enriqueció con la presencia de Ignacio Sarachaga y Molina en las dos últimas décadas de la colonia, quien se refirió de forma jocosa a lo que denominó como Mis partos literarios. Y a través de ellos la aparición definitiva de un teatro bufo que fue capaz de reflejar con claridad la imagen nacional que ya contaba con los cubanos.

El personaje que se manifestó como un real y alegre habanero amante de la naturaleza, la guaracha e importante creador del bufo colocó el teatro en un escalón superior. Conquistó al público por la presentación de personajes humildes, se burló de la sensiblería europeizante y desde tal posicionamiento asumió las más profundas raíces de la cubanía. Quien tampoco aceptó el autonomismo, no permitió se increpara a los negros ni descendió al perfil pornográfico para llevar adelante la parodia pero atrapó con sus aparentemente tontos equívocos un gran éxito taquillero.

La primera vez que Sarachaga fue a un teatro como espectador  del  bufo tenía 27 años. Y ya nunca más pudo escapar de aquel mundo de la sátira y la música en medio de ambientes bien logrados  que marcaría el sol de su destino aunque también tuvo éxito desde su pluma al servicio de la labor periodística.

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