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Carlos Segrera, el artífice de Santiago de Cuba

14 de junio de 2013

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Arquitectura de Carlos Segrera Fernández

He recibido recientemente un libro, con el sello de las Ediciones Alqueza de la Oficina del Conservador de la ciudad de Santiago de Cuba, dedicado a la vida y obra del arquitecto Carlos Segrera Fernández (1880-1922). Gracias a este volumen, amplio y profusamente ilustrado he podido conocer la ejecutoria de un profesional hasta ahora no demasiado reconocido dentro de la historia de las construcciones y el urbanismo en Cuba.
Las autoras: Marta Lora Alvarez y Carmen Lemos Frómeta nos hacen adentrarnos en la vida de este hombre inquieto, formado en la Escuela de Ingenieros y Arquitectos de La Habana y que a partir de 1908 se establece en Santiago de Cuba donde lucha duramente para obtener el nombramiento de Arquitecto municipal. Una vez logrado su empeño, durante más de una década se dedicará a transformar la imagen colonial y un tanto rústica de la ciudad caribeña con la construcción de edificios eclécticos y monumentales.
Resulta indudable que, aún si no se simpatiza con determinados puntos de su estética, sus empeños significaron un esfuerzo coherente por ofrecer otorgar a Santiago de Cuba una presencia urbanística digna de su importancia histórica y económica en las primeras décadas de la vida republicana.
Todavía hoy, basta con acercarse al corazón mismo de la segunda ciudad cubana, el Parque Céspedes y descubrir que casi todo en él lleva la impronta de Segrera: el Club San Carlos, el Hotel Casa Granda, la apariencia exterior de la Catedral, remodelada por él y sólo desentona ese edificio del Banco, levantado en los años 50 cuando el Hotel Venus, por él concebido, fue demolido después de ser dañado seriamente por un terremoto.
Pero no hay que detenerse en el parque, basta con caminar por las calles aledañas para descubrir su sello en el Museo Bacardí, el Hotel Imperial, en la tienda La California, en diversas residencias y comercios de la calle Enramada y más allá en algunos palacetes del antes exclusivo reparto Vista Alegre, muy especialmente el construido para el millonario José Bosch y Vicens.
No hay que hacer de Segrera un hombre inmaculado. En una época en que los cargos públicos eran desempeñados con harta venalidad, él debió acomodar su arte a concesiones particulares y confundir más de una vez la esfera de lo oficial con la particular y violar ciertas disposiciones, en bien de un trabajo que ha sido más duradero que algunos escándalos que otros promovieron en torno suyo.
Hombre de su tiempo, quiso hacer de ese trozo de la región oriental una auténtica urbe moderna y aunque no pocas de sus creaciones se han perdido o transformado, lo que resta de ellas es una importancia que no puede ser pasada por alto. Agradezco en nombre de los lectores este volumen que es una indudable contribución a la historia del arte en Cuba y una alerta sobre ciertos inmuebles de valor patrimonial que deben ser preservados.

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Comentarios



Beatriz Morini padro segrera / 3 de junio de 2014

Me gustaria poder comparar various libros de bisaabulo carlos segrera gracias si me pueden enviar donde Los pueda conseguir atentament beatriz