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Muchas penas… y ninguna gloria

13 de junio de 2022

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El desarrollo de la titulada “Cumbre de las Américas” celebrada en Los Ángeles, California, pareció alejarse bastante de los objetivos perseguidos por el gobierno imperialista de Estados Unidos, que concibió su realización como una herramienta más encaminada a apretar las tuercas de la dominación y el hegemonismo sobre su añorado “patio trasero” y poder seguir utilizándolo como plataforma y punto de apoyo para su política hacia el resto del mundo.

Si esa fueron las intenciones, puede afirmarse sin duda que fueron fracasadas y, por el contrario, el encuentro se centró en cuestionamientos, críticas y dudas acerca del papel de Estados Unidos en el continente -sus contradicciones y omisiones-, así como en la inutilidad de la OEA y la actuación miserable de Luis Almagro, ayer aliado cercano de Donald Trump que hoy busca desesperadamente la confianza de Biden y su equipo.

Paradójicamente y seguramente de modo sorprendente para los funcionarios del Imperio, fueron los excluidos Cuba, Venezuela y Nicaragua, los países más mencionados en el curso de la reunión. Estuvieron presentes de principio a fin y su referencia fue inevitable en la gran mayoría de las intervenciones, lo cual contradijo y ridiculizó los propósitos excluyentes de los organizadores. Especialmente la del presidente argentino Alberto Fernández, en nombre de la CELAC, fue contundente y explícita.

La brillante y concreta intervención del canciller mexicano Marcelo Ebrard, hablando a nombre de su influyente y respetada nación y de su presidente López Obrador tradujo en cifras esa realidad irrefutable cuando apuntó que, de 32 usos de la palabra, en 20 de ellos se condenó el bloqueo yanqui contra Cuba y se exigió su levantamiento, Veintinueve de los presentes habían votado ya contra el bloqueo en la Asamblea General de la ONU.

Como conclusión de la azarosa, polémica y disputada Cumbre quedó en evidencia que, a pesar de las presiones, amenazas y chantajes del Imperio yanqui -sean demócratas o republicanos en la Casa Blanca-, vamos marchando hacia una nueva América, unida en la diversidad, donde no podrán repetirse ni exclusiones ni bloqueos y donde Estados Unidos quedará obligado a respetar los principios y derechos que hasta ahora ha desconocido, burlado y ultrajado en nombre de la anacrónica y obsoleta Doctrina Monroe y el no menos absurdo Destino Manifiesto.

Fue una derrota aplastante para el monroismo, el intervencionismo y el hegemonismo, que en el futuro no podrá ser ignorada.

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