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Malecón tradicional: De cara a su singularidad

24 de marzo de 2022

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malecón

 

Hay una franja del malecón habanero, de cerca de un kilómetro y medio de longitud, entre el Prado -la frontera con el Centro Histórico- y el Parque Maceo. El malecón tradicional es el seg­mento más icónico y pintoresco de la línea costera de 7 kilómetros que une la Avenida del Puerto y el río Almendares, a la entrada de Miramar.

La inauguración del primer tramo del malecón habanero, conocido como Avenida del Golfo, aconteció en los inicios del siglo xx, y casi de inmediato, como en otras zonas de la ciudad (calzadas y plazas), quedó establecida la obligación de construir portal público en las edifica­ciones. El tramo tradicional creció en pocos años, con edificios de puntal alto y perfil ecléctico, sobre una columnata que delimitaba el corredor de uso público por el que aún podemos caminar.

El paso del tiempo, el poco mantenimiento, los embates climáticos y el corrosivo entorno hi­cieron estragos en fachadas y estructuras. A mediados de los noventa comenzó un proceso para recuperar y conservar el patrimonio de la zona, que aún hoy, lejos de la mejor imagen que llegó a tener, sigue siendo un sitio muy visitado y contemplado por habaneros y visitantes.

Sobre esta parte de La Habana hablamos con María Teresa Padrón Lotti, arquitecta y especia­lista del Plan Maestro de la Oficina del Historiador de la Ciudad, quien ha estado vinculada durante años a la recuperación del malecón y ha presentado el libro El malecón tradicional. Plan Especial de Rehabilitación Integral. Regulaciones urbanísticas.

Todos tenemos una idea y una vivencia del malecón. Es una especie de ventana, de balcón de La Habana hacia el mundo; una de las imágenes que más nos identifican, un espacio donde se socializa y se mira tanto al mar como a la arquitectura, ambos en una unidad que forma un conjunto visual único. Comencemos, María Teresa, por esos valores fundamenta­les que distinguen la arquitectura, el carácter urbano y cultural del malecón.

En este caso vamos a hablar del malecón de Centro Habana, que es, además, la parte más antigua del malecón, que se construyó entre 1901 y 1919 desde la explanada de La Punta hasta la calle Belascoaín, aunque nuestro trabajo y el taller de la Oficina del Historiador incluye el Parque Maceo. Precisamente por ser el más antiguo, está más cerca del mar; la sección vial ahí es más estrecha. Posteriormente, se abre más a partir de El Vedado y la calle Marina. Este es el malecón ecléctico, el malecón de Centro Habana, con otra idiosincrasia, otra vida, otra socialización; el que se desborda hacia el mar, hacia el muro, y esa es quizás su característica fundamental: la idiosincrasia y la característica de la población que lo bordea y lo contiene.

 

¿Cuándo surgió el proyecto de rehabilitación integral del malecón?

El proyecto del malecón surgió en febrero de 1994, bajo un tremendo frente frío. Fuimos a la oficina, en la planta alta de lo que hoy es el Centro Hispanoamericano de Cultura, en la Casa de las Cariátides, que estaba bastante deteriorada. En la parte de abajo ensayaba el Teatro Lírico y nos divertíamos con aquellos ensayos. Fue el inicio de un grupo muy lindo, con la colaboración de la Junta de Andalucía, a la que luego se sumarían Asturias, Cana­rias, Extremadura y Valencia. Aprendimos a rehabilitar lo que en teoría ya conocíamos, y fue fundamental el apoyo de arquitectos y otros especialistas, principalmente de la Junta de Andalucía, que trabajaron día a día con nosotros. Fue muy valioso el conocimiento que adquirimos en el grupo multidisciplinario que se creó, una experiencia quizás única en Cuba, porque en un mismo espacio estaban arquitectos, urbanistas, economistas e inversionistas, trabajando directamente con el constructor y la población.

 

¿Qué peculiaridades tiene rehabilitar en esa zona del malecón?

Aunque muchos no lo crean, fue la última parte del municipio de Centro Habana que se construyó, porque era una zona vedada; incluso, ya se estaba construyendo El Vedado. Empezaba el uso del hormigón armado, pero era incipiente, con características que no son las que conocemos hoy. Había gran diversidad de materiales y mucho empleo de madera en lo que llamamos la estructura horizontal, los entrepisos, que son los que fallan a través del tiempo por falta de mantenimiento y sobreuso de las edificaciones.

Lo fundamental es que estamos frente al mar. Esa es la parte más crítica. Por eso es importante usar los materiales adecuados, sobre todo en fachadas. Están el impacto del mar -el salitre, frentes fríos, penetraciones e inundaciones-, la forma compacta de construir y los usos resi­denciales, que predominan. Un reto es que no abunden otros usos, más sociales, que quizás permitirían mayor flexibilidad al restaurar o producirían menor daño material a los inmuebles. Son realidades con las cuales debemos aprender a convivir ahí, construyendo de la forma en que hay que construir, poniendo las funciones que se deben poner en cada lugar.

 

¿Cuáles son algunas de las lecciones aprendidas en cuanto a funciones que deberían tener ciertos espacios o edificaciones?

En planta baja no debe ir vivienda alguna, porque es el nivel que más sufre desde el punto de vista material. Además, cuando ahí haya otras funciones, no pueden tener grandes áreas de almacenamiento. Debe ser una zona lo más abierta posible, de manera que, en caso de inundación costera, el choque del mar, de la ola, tenga el menor impacto posible.

 

Un proyecto participativo

Desde 2001, el malecón tradicional es parte de la Zona Priorizada para la Conservación junto al Centro Histórico de La Habana. Hoy continúan algunos trabajos de recuperación y hay planes de dar continuidad al proyecto de rehabilitación, con el fin de que se comiencen a ver más edificios nuevos o rehabilitados en esa área.

La socióloga Maydolis Iglesias, del Plan Maestro, considera el planeamiento participativo como uno de los valores del proyecto de rehabilitación integral.

«Estamos hablando de un espacio habitado, donde hay una población residente con carac­terísticas sociodemográficas y culturares diferentes a las de otros sitios de la ciudad. La in­clusión de los pobladores en el proceso fue uno de los puntos claves para el éxito del plan».

Iglesias explica que «una de las cosas que nos corresponde hacer es ensanchar la cultura de la población desde el punto de vista ambiental y de la percepción de riesgo; que la gente tenga en cuenta qué medidas tomar cuando hay marea alta, qué hacer en una evacuación… Los residentes ya han pasado por varios eventos meteorológicos, tienen alguna experiencia, pero todavía hay indisciplinas sociales; las personas se bañan en el malecón, no se evacúan cuando deben hacerlo».

 

María Teresa, sería oportuno abordar las características sociodemográficas de esta zona. ¿Qué distingue a la población que vive en el tramo del malecón tradicional?

Hay dos cuestiones fundamentales: la alta densidad demográfica del municipio de Centro Habana, la más alta del país, que incluso duplica la de La Habana Vieja. Como en muchos municipios cubanos, ha bajado la cantidad de población pero sigue habiendo una densidad muy alta, precisamente por el nivel de transformación que han sufrido los edificios. Por ejemplo, cuando hablamos de un edificio de 11 apartamentos que llegó a tener 66 cuartos en una ciudadela, podemos determinar que ese nivel de transformación también ha influido en el estado técnico de la edificación, porque cada cual se ocupa de su pedacito, no del edifi­cio de forma integral.

La otra característica es que es una zona con un alto nivel de migración, tanto desde otras provincias como desde otros municipios habaneros. Eso plantea retos en términos de sentido de pertenencia, de que personas que no tienen raíces ahí sientan el espacio como suyo, algo que también sucede en comunidades de nuevo desarrollo, adonde empiezan a mudarse personas de diferentes procedencias. Hay que trabajar mucho con la población. En los últimos tiempos se suman las nuevas características de los empleos por cuenta propia. Por último, hay un fenómeno que se aprecia en muchos edificios de nuestro país, pero más aún en Centro Habana: la composición demográfica dentro de un mismo edificio. Puede haber un núcleo de 10 personas en la planta baja, dos profesionales en la que le sigue y dos ancianos que viven solos en la alta. Todo eso es determinante al rehabilitar y restaurar una edificación.

 

La socióloga Maydolis Iglesias nos habló de la participación ciudadana. ¿Cuánto ha par­ticipado la población en cada uno de los momentos del proyecto desde 1994?

Inicialmente, cuando nuestra Oficina tenía una composición integral multidisciplinaria, in­cluidos sociólogos, se logró una mayor participación ciudadana. Hasta nosotras ayudábamos a las personas a mudarse cuando les entregaban viviendas. Fue un trabajo muy lindo, que incluyó al médico de la familia y los círculos de abuelos. Atendíamos directamente al público dos veces a la semana; surgió una relación muy estrecha con la población residente, que iba ahí a plantearnos problemas, de los tantos que existen en la parte residencial. Fue mayor la presencia de los consejos populares, más el de Colón que el de Dragones. Hubo un trabajo más colectivo, pero producto de las características de la oficina. En la medida en que la oficina se convirtió solamente en un grupo de inversionistas, lógicamente cada especialidad tomó el rumbo que debía tomar respecto a la estructura de la Oficina del Historiador, y el trabajo social fue disminuyendo.

No obstante, hemos tratado de mantener los talleres que celebramos para la rehabilitación del malecón, sobre todo en cuanto a medioambiente; de volver a contar con la participación de los consejos populares y las circunscripciones y algunos representantes de la población en los talleres, donde opinan y aprenden sobre temas como el cambio climático y las formas de afrontar sus efectos. También logramos trabajar a nivel nacional con ciudades costeras de Cuba e hicimos talleres para un enriquecimiento mutuo.

 

El trabajo comenzó en 1994 y queda mucho por hacer, pero ha habido logros en estos años. ¿Cuáles han sido los proyectos más significativos?

Se han rehabilitado varias edificaciones, aquellas donde el número de residentes y las caracte­rísticas del inmueble lo permitieron. ¿Por qué razón?, porque la mayoría de esos edificios son intervenidos con las personas adentro. Cuando hablamos de rehabilitación integral es porque se trabaja en las redes técnicas, en la estructura, la fachada, los detalles. Se recuperaron edificios tanto en la primera manzana como en otras, incluyendo, por ejemplo, la Casa de las Cariátides, que estaba en mal estado y recibió interiormente una rehabilitación muy grande y costosa pero que valió la pena, sobre todo por el servicio que ofrece como Centro Hispanoamericano de Cultura. Se han hecho obras nuevas en los espacios de edificios que fue necesario demoler. A veces duele derribar un edificio pero así se preservan vidas, porque en esos casos la estructura tiene un fallo total. Entonces es preferible demolerlo y que los ocupantes reciban una vivien­da o, si no es posible, que vayan a un albergue -que no es lo que se desea- para estar seguros.

Otras edificaciones han sido rehabilitadas no integralmente sino en fachadas y áreas comunes. Un trabajo clave ha sido la renovación total de las redes técnicas, algo muy importante porque dan servicio a todas las edificaciones del malecón, incluidas las de San Lázaro. Es un valor adquirido muy alto que gana este territorio de la ciudad, una garantía de infraestructura para que el proyecto avance.

Igualmente, se han ido reparando el muro y las aceras; se han eliminado peligrosas socava­ciones en las aceras y la calle -sobre todo en la acera norte- que ha provocado el mar, que increíblemente sigue trabajando por debajo a lo largo de los años. O sea, se suman una serie de acciones que se realizan poco a poco, incluyendo los proyectos ejecutivos que ya te­nemos terminados y que se irán construyendo para viviendas. Está también la construcción del hotel Terral, que ha sido importante, y el moderno hotel que se levanta en la esquina de Prado y Malecón.

 

Regulaciones, funciones y escalas

La estrategia medioambiental 2013-2020 en la Zona Priorizada para la Conservación y las regulaciones urbanas incluidas en el Plan Especial de Desarrollo del Malecón establecen tener presente, en todo lo que se haga en esta franja del litoral habanero, el enfoque de riesgos y vulnerabilidades, una realidad que se hace más palpable con los efectos del cam­bio climático y los pronósticos de aumento del nivel del mar. ¿Qué regulaciones urbanas deben tener en cuenta quienes viven, manejan empresas estatales o privadas, instituciones o pequeños emprendimientos en esta área?

Con las regulaciones urbanas se busca controlar las actuaciones de las personas, sobre todo en un territorio de alto valor. A veces la gente las ve como una camisa de fuerza pero son todo lo contrario; han existido en todo el mundo a lo largo de la historia. Las regulaciones nuestras tienen que ver con el medioambiente, los rasgos de fachadas, balcones, portales públicos y corridos, el estilo y la tipología de la construcción. Cuando decimos que un edificio es de tipología doméstica es que fue residencial, construido para viviendas. Si lo vas a transformar debes tener eso en cuenta para no modificarlo; puedes cambiar el uso pero manteniendo la tipología, la historia de lo que fue la edificación.

Respecto al medioambiente, hay dos problemas fundamentales. Uno ya lo mencionamos, la función de la planta baja, que no debe ser residencial. Aún tenemos viviendas en semisótanos en el malecón…

 

Sí… Está previsto que únicamente se utilicen como parqueo.

Exactamente. Esa vivienda hay que eliminarla poco a poco, aun en las edificaciones que no haya que demoler. El otro punto importante es, además de usar los materiales adecuados, elevar el nivel del piso interior. Eso es muy importante porque durante los eventos climáticos nos hemos dado cuenta de que es válido y funciona. Ahora, tiene que ser una subida gradual. Tenemos la calle, después subes a la acera, luego subes al portal al menos con dos escalones, llegas al portal y después subes otro tanto el nivel del piso interior de tu vivienda.

 

¿Cuánto falta? ¿Cuáles son los puntos más importantes, los que quizás de manera más inmediata pudieran priorizarse?

Es fundamental no detener el plan. El plan abarca las 3 acciones fundamentales: mantener lo que hemos hecho, que eso se hace prácticamente todos los años; rehabilitar todo lo que se pueda, aquello que no se cae, y construir, sobre lo que se demuele, obras nuevas que crean de nuevo ese borde de ciudad tan importante, que vuelven a dar vida a la gran centralidad que tiene este espacio, y que aportan funciones sociales y de vivienda. Hay proyectos ejecuti­vos terminados, proyectos técnicos de arquitectura, proyectos con funciones en planta baja, y hay que continuarlos.

Lo cierto es que la ciudad marca las prioridades y quizá en este momento hay otros problemas fundamentales en la capital. Esperemos a que el malecón vuelva a tener prioridad. Insisto, en la medida en que tengamos nuevas inversiones en la ciudad -en este caso, por ejemplo, el hotel de la esquina de Prado y Malecón-, estas pueden funcionar como polos dinamizadores, como también pueden serlo tanto emprendimientos privados como inversiones estatales.

En la medida en que esto avance, se vuelve a aprovechar el valor del terreno que incide en que siga el motor que ya arrancó. Eso es fundamental y el malecón se lo merece, sobre todo porque es una zona muy privilegiada de La Habana, el pivote entre La Habana antigua, La Rampa y el municipio Playa, el área por la cual circula y pasa todo el mundo, gente que va al trabajo o a la playa, marchas, carreras de autos o motos, carnavales, paseantes cubanos o extranjeros.

 

Hay personas que han valorado la posibilidad de que esa zona crezca con edificios más altos. ¿En qué medida es posible?

Se han flexibilizado un poco más las alturas. Realmente no quisiéramos. Cada ciudad, cada zona de ciudad, tiene su línea. En nuestro caso, la zona de las torres altas está en El Vedado. Para Centro Habana, en la parte del malecón tradicional, es otra la tipología: una edificación más voluminosa y de menor altura. Pero se van a permitir torres siempre que no sobrepasen las alturas que ya existen, como la del llamado «edificio de los sarcófagos» o la del hotel Deauville. Y puntual y fundamentalmente en esquinas.

 

Porque entre sus valores está la escala.

Exactamente. Queremos que se mantenga ese ritmo de construcciones con diferentes altu­ras, que es muy característico en esta zona; o sea, edificios de 3, 4 o 5 pisos, y de 10 o 12 pisos en las esquinas. Solo hasta ese punto, para que no interrumpan las visuales que tenemos desde Centro Habana.

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