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Gatillo sin candado

28 de junio de 2021

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No hace mucho se exponían las nuevas ideas y acuerdos para limitar la adquisición de armas en Estados Unidos, ante el continuado aumento de la violencia.

Pero a las leyes que trata de hacer cumplir la actual administración, gobernadores estaduales, como el de Texas, responden con otras que contradicen lo indicado por el gobierno federal y aún dan más libertad para adquirir todo tipo de armamento, incluso armas de fuego que pueden disparar más de un centenar de balas por minuto.

No nos detendremos a enumerar los casos sangrientos ocurridos en los últimos tiempos, por ser interminable, pero hay que apuntar el esfuerzo que están haciendo las autoridades neoyorquinas en este sentido, que no es algo nuevo, pero que en anteriores ocasiones se ha terminado arando en el mar.

La cuestión es que el problema principal no viene procedente de la difusión de armerías tanto en la urbe neoyorquina como en el país, porque los reglamentos locales al respecto –que no son tan fuertes– se incumplen con la venta de armas de fuego on line, con muchos compradores que tienen antecedentes penales.

El sitio Armslist.com, por ejemplo, vende un promedio anual de 25 000 pistolas a personas que no podrían hacerlo en locales comerciales, ya que cuentan con antecedentes penales.

Les basta un número de teléfono y una dirección de correo electrónico, y ello sigue sucediendo, a pesar que han aumentado las confiscaciones de armas en el populoso estado.

Hay que agregar que creció hasta un 90% el porcentaje de armas que viene de otros estados, principalmente de Carolina del Norte y Carolina del Sur, ya que ambas “carolinas” tienen leyes débiles que permiten que los criminales compren armas de manera fácil.

La polémica sobre las armas llegó hace unos días a la cadena de cafeterías Starbucks, cuyos directivos pidieron a los clientes que no vayan armados a los locales, aunque aclararon que no está prohibido el ingreso con armas de fuego.

En cuanto a la posibilidad de cercenar en algo este libre albedrío criminal que recorre a la nación, sería muy necesario en estos tiempos de pandemia, que ha aumentado en un 30% la violencia y la compra de armamento para “defenderse” de los cada vez más frecuentes asaltos en busca de dinero para comprar drogas o alimentos, porque la pobreza también crece.

Así se presenta esa nueva oportunidad para que el presidente Joe Biden cumpla su promesa de vencer a los mercaderes de la muerte, algo que ya incumplió cuando era vicepresidente de Barack Obama. Que vuelva a incumplir, no es nada extraño, porque en ocasiones antepone intereses electoreros, manteniendo en descrédito a una gobernanza que tiene oportunidad de “limpiar” en algo el nombre de Estados Unidos.

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