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Efemérides

Historia

Es fundada, junto al Surgidero de Batabanó, en la costa sudoccidental de la Isla, la villa de San Cristóbal de La Habana

25 de julio de 1514

Es fundada, junto al Surgidero de Batabanó, en la costa sudoccidental de la Isla, la villa de San Cristóbal de La Habana.

Ya el adelantado de la corona española, Don Diego Velázquez, había establecido las primeras poblaciones: Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa, San Salvador de Bayamo, y las villas de la Santísima Trinidad y Sancti Spíritus. Después quedarían fundadas Santa María del Puerto de Príncipe y Santiago de Cuba.

En esta etapa los colonizadores determinan los lugares más apropiados para asentar poblaciones españolas y asegurar el dominio de los respectivos territorios.
Es requisito indispensable que las poblaciones sean levantadas cerca de los ríos, con el fin de asegurar el abastecimiento de agua. Consideran, además, que debe existir algún caserío indígena,para aprovechar esa mano de obra; y, finalmente, que sean terrenos fértiles, con lo cual se aseguran buenas y abundantes cosechas.
Al fundar las villas, las autoridades coloniales seleccionan el sitio idóneo para la construcción de la iglesia, frente a la cual se sitúa una plaza.
El entorno queda conformado por la casa del gobierno y la cárcel.
En el caso de San Cristóbal de La Habana, los pobladores deciden emigrar hacia la costa norte y establecerse en una zona dotada de mejores condiciones en las inmediaciones del Puerto de Carenas.
Es por ello que, poco tiempo después de su establecimiento en la costa sur, San Cristóbal de La Habana pasa a ocupar su ubicación definitiva.

Justamente en el sitio donde hoy se levanta el Templete se produce, en noviembre de mil 5l9, la ceremonia de fundación de una villa que – transformada con los años en bella y hospitalaria ciudad – es hoy la capital de los cubanos.

Música

Wolfgang Amadeus Mozart terminó de escribir su Sinfonía No. 40 en sol menor

25 de julio de 1788

Para muchos críticos y estudiosos de la obra de Mozart, esta Sinfonía representa la culminación del genio del compositor salzburgués, y una especie de símbolo de la perfección suprema del arte de todas las épocas.
Epocalmente, la obra pertenece al verano de 1788, en la ciudad de Viena, cuando en una demostración más de su increíble facilidad y la prisa genial con que era capaz de componer sus obras, Mozart escribió sus tres últimas Sinfonías. Este hecho adquiere aún mayores proporciones si se tiene en cuenta que esas son, precisamente, sus sinfonías más extensas, profundas y maduras. Y de ellas, o sea, las números 39, 40 y 41, la que más trascendencia popular ha alcanzado es la número 40 en sol menor, que ocupa el número 550 en el catálogo mozartiano.
El contenido emotivo de la Sinfonía No.40 y, más específicamente, el de su primer movimiento, ha suscitado apasionadas polémicas entre los críticos y musicólogos, quienes sustentan dos posiciones fundamentales: unos la consideran la culminación del estilo galante y del clásico equilibrio entre forma y sentimiento; otros, en cambio, perciben en el Allegro inicial un sentido trágico que anticipa ya el atormentado patetismo del arte romántico.
Pero analizada desde cualquier ángulo, sea éste constructivo, temático, formal, armónico o expresivo, la Sinfonía No.40 de Mozart es una obra perfecta y monumental que figuraría, sin dudas, en cualquier antología por rigurosa y limitada que esta fuese.
Como se sabe, en las últimas décadas la Sinfonía No.40 de Mozart, al igual que algunas otras obras del repertorio sinfónico, ha saltado a las primeras filas de la popularidad, a través de versiones cuya calidad puede discutirse, pero cuya acción propagadora es ya incuestionable. ES por ello que hoy cualquiera conoce y canta el tema del Allegro de esta Sinfonía mozartiana que su autor terminó de escribir hace 219 años, UN DIA COMO HOY.