Hoy nos referiremos en esta sección al compositor, pianista y director de orquesta Moisés Simons Rodríguez, quien nació en La Habana el 24 de agosto de 1889 y falleció en Madrid, la capital española, el 28 de junio de 1945.
Con sólo cinco años de edad dio los primeros pasos en el aprendizaje musical con su padre: el profesor de piano vasco Leandro Simón Guergué. Cuatro años después se desempeñó como organista de la iglesia del barrio de Jesús María y, posteriormente, fue maestro de capilla de la de Nuestra Señora del Pilar.
En 1901 empezó a dirigir compañías infantiles en el teatro Martí. Tres años más tarde cursó estudios de composición con Ignacio Tellería, Fernando Carnicer y Felipe Palau y de contrapunto con José Maury Esteve, todo lo cual le propició una sólida formación técnica.
Simons contaba en 1906 con una orquesta propia que amenizaba espectáculos de variedades en teatros capitalinos, y luego dirigió la agrupación musical del parque de diversiones Tivoli, en Palatino. Desde 1909 comenzó a escribir artículos ─ como musicólogo ─ para el diario La Lucha. Antes se había iniciado en la composición. Sus primeras obras fueron de carácter religioso, dada la influencia de su labor con los órganos de las iglesias. Pero pronto abandonó esa proyección, y en 1912 creó su primera pieza teatral: la opereta “Deuda de amor” (L: Fermín Samper), que estrenó en 1913 la compañía de la vedette mexicana Esperanza Iris en el habanero Albisu. Después presentaría otras operetas, revistas y zarzuelas en Martí y Payret.
A principios de la década de los años veinte, del pasado siglo, Simons dirigió la orquesta del hotel Plaza; fue director técnico de la Sociedad de Conciertos Típicos Cubanos y el primer director de orquesta criollo que incorporó el ritmo de danzón a los conjuntos de jazz band. En 1928 compuso El manisero, que dedicó a la cantante y actriz Rita Montaner. Al siguiente año ─ invitado por la editorial Edward B. Marks ─ visitó Nueva York. En aquella urbe, según su propio decir, El manisero era “una epidemia musical” y a él lo llamaban Mr. Peanut. La grabación discográfica de la Montaner había contribuido decisivamente a la popularidad de este pregón más allá de los límites geográficos nacionales.
Embarcó hacia España a fines de 1930, y en el madrileño teatro Calderón estrenó al siguiente año la comedia lírica “La niña Mersé” (L: Antonio Asenjo y Ángel Torres del Álamo). Más tarde se trasladó a París y comprobó que El manisero era un succès en Francia.
Aureolado por la fama, en 1932 regresó a Cuba. Radicado de nuevo en la capital francesa, logró un éxito que lo situó entre los autores favoritos de la música popular en Europa con la opereta “Toi c’est moi” (L: Henri Duvernois), estrenada en 1934 en el Teatro de los Bufos Parisienses, donde permaneció un año en cartelera. A partir de entonces las canciones de Simons fueron incorporadas a su repertorio por Georges Thill, Raquel Meller, Jean Sablon, Mistinguette y Tino Rossi, entre otros famosos intérpretes. A su vez radioemisoras y casas editoras de discos y partituras difundieron la obra del compositor criollo. En 1936 estrenó la opereta “Le chant des Tropiques” (L: Chamfleury) en el teatro París.
A causa de la II Guerra Mundial y la invasión alemana a Francia, regresó a Cuba en 1942. Llegó enfermo y en difícil situación económica, pero dispuesto a emprender nuevos rumbos profesionales. El 22 de febrero de 1943 la Corporación Nacional del Turismo organizó un gran homenaje en el Auditorium para conferir su Medalla de Honor a Moisés Simons, Eliseo Grenet y Ernesto Lecuona por “haber popularizado personalmente en el extranjero sus creaciones musicales, de profundo carácter cubano, contribuyendo así a engrandecer nuestros prestigios artísticos e intensificar la propaganda turística del país”.
Quizás las pocas ofertas de trabajo que recibió en La Habana influyeron en su retorno a Europa. Imposibilitado de volver a París, ocupado por tropas nazis, su nuevo destino en el Viejo Continente sería España. En Madrid fue contratado para musicalizar la película “Bambú”, (dir: José Luis Sáenz de Heredia), protagonizada por Imperio Argentina y Celia Gámez, a quien escribió la canción Hoy como ayer. Allí y en Barcelona se anotó otro triunfo con el estreno en español de “Toi c’est moi”.
Simons musicalizó asimismo los filmes “Toi c’est moi” (1936, Francia, dir: René Guissart) y “Lumières de Paris” (1937, Francia, Richard Portier). En sus tiempos de vida, obras suyas aparecieron en los largometrajes “The cuban” (1931, EE. UU., dir: W.S. van Dyke), “I like your nerve” (1931, EE. UU., dir: William C. McGann), “Bosko’s knight-mare” (1933, EE. UU., dir: Hugh Harman), “The big idea” (1934, EE. UU., dir: William Beaudine), “Twenty million sweethearts” (1934, EE. UU, dir: Ray Enright), Here comes the band” (1935, EE. UU., dir: Paul Sloane), “Sucedió en La Habana”, “El romance del Palmar”, “Only angels have wings” (1939, EE. UU., dir: Howard Hawks)…
Entre otras obras escénicas de su autoría figuraron “El pescador de coral” (L: Jacinto Capella), “El diamante verde” (L: Pepe Moncayo), “La cueva de los mochuelos” (L: Gómez Navarro) “La consigna” (L: Gonzalo G. de Mello) y “La feminista” (L: Jesús J. López). Creó, además, composiciones de acentuado carácter popular: Marta, Chivo que rompe tambó, La trompetilla, Patica y mondonguito y Con picante y sin picante, ¿Qué es el danzón?, Vacúnala, Rumba guajira…
Al fallecer en Madrid, tenía cincuenta y seis años de edad y legaba a la música cubana unas cuarenta operetas y más de cien partituras de diferentes géneros. En la edición de la revista habanera Carteles del 8 de julio de 1945, opinó Alejo Carpentier: “Con Moisés Simons pierde nuestra patria uno de sus mejores autores de música ligera. Pero nos deja, para perpetuar su memoria, muchas páginas que habrán de figurar, por siempre, en las recopilaciones antológicas de la música popular de Cuba”.