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Somos, lo que comemos

13 de febrero de 2018

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¿Cuántas veces no le ha preocupado el decaimiento y pésimo estado de ánimo que le acompaña? Medita, busca las causas, pero nada descubre porque sus hábitos de vida no han cambiado.  Ni se le ocurre pensar que el problema está ahí, en la necesidad de un cambio. Pero, ¡cuidado! no de pareja, ni de trabajo, simplemente, de hábitos de alimentación.

Los alimentos juegan un papel primordial en el organismo humano. Sentirse de buen humor, vital, con energías, depende mucho de la dieta cotidiana. Y decir dieta, erróneamente para algunos,  define la orientada por el médico en caso de enfermedades. Nada más lejano.

La dieta es también el sano equilibrio entre los alimentos que se consumen diariamente, teniendo en cuenta los debidos nutrientes. No se debe comer solo para calmar el hambre, sino para nutrir el organismo. Por ejemplo, se insiste en la importancia de consumir vegetales para aportar fibra, vitaminas, minerales, hidratos de carbono y sustancias de acción antioxidante. Sin embargo, para sentirse bien no es suficiente. Resulta imprescindible no saltar ninguna comida, porque esos “baches” contribuyen a sentirse decaído y sin fuerza.

Tanto las  frutas como las hortalizas o frutos secos –menos el maní–, transmiten vitalidad por su contenido en agua,  vitaminas y sales minerales. Ambos nutrientes influyen sobre el estado de ánimo, ya que participan en algunas de las funciones del sistema nervioso. Si la dieta es deficiente en esos nutrientes, aparecen signos de decaimiento.

Los hidratos de carbono aportan energía. Son como la  gasolina para un carro. Es necesario incluirla en el desayuno y comida, habituarse a que los “tentempiés” entre comidas sean frutas (o jugos), galletas y cereales… que transmiten rápida energía al cuerpo.

Pero hay un principio inalterable en la alimentación: el orden en las comidas. Distribuir la alimentación de manera que el organismo nunca tenga falta de nutrientes, para que no sientan hambre o fatiga.

 

El desayuno, vital

 

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En la dinámica cotidiana, se tiende a omitir tan importante comida del día. Toman un café apresurado y salen para el trabajo. Esto repercute en falta de energía y de concentración durante la mañana. Si los preparativos del amanecer no dan tiempo, ni deseos, ¡lleve el desayuno al trabajo! Una fruta o fruta seca (pasas, ajonjolí –nunca maní–), un jugo, y algún alimento con hidrato de carbono (pan integral, galletas o cereales), que no solo enriquecen la dieta en fibra, sino que aportan vitamina B1, directamente relacionada con el funcionamiento de las neuronas. La carencia de B1 se traduce en síntomas de irritabilidad, cansancio,  desánimo y depresión.

Si por falta de costumbre no gustan de las frutas naturales, pues conviértalas en compotas o jugos, de más fácil asimilación. Incluso, puede mezclarlas en la batidora, y añade más valores en cada toma –mayor suma vitamínica–. Y piense en la ventaja de tenerlo preparado en el refrigerador para facilitar un desayuno rápido antes de salir al trabajo.

 

El almuerzo, esencial

 

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Esta es la hora en que su cuerpo necesita una buena dosis de hidratos de carbono que suministren energía para el resto del día. ¿Un buen menú? Escoja entre: Pastas (espaguetis, macarrones, sopa de fideos…), arroz, legumbres, papas (patatas) o pan integral, y el objetivo estará cumplido.

Una recomendación para el máximo de hidratos de carbono: lasañas, paellas, o un plato de papas acompañadas de cualquier hortaliza, incluso, con una salsa bechamel como aderezo.

Ni que decir los beneficios de una guarnición vegetal. En cuanto al postre, la  fruta que prefiera, en jugo o  compota.

 

Comida (Cena), ligera

 

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De nada vale una correcta alimentación diaria, si cuando llega la hora de dormir, no propicia un sueño reparador. En la noche, el tipo de alimento  determina la ausencia o la buena calidad del sueño. Lo recomendable es una  cena ligera, dos horas antes de ir a la cama.

Le sugerimos una ensalada con cualquier tipo de vegetal, queso, jamón, ensalada de pollo o pavo, huevo, atún… Y si se trata de fácil cocción y digestión: huevos en tortillas o revueltos, pescado o sándwich de vegetales… Por último, para un sueño reparador, tomar una infusión relajante después de la cena, que ayuda a conciliar el sueño, además de facilitar la digestión.

 

Si con esta variada alimentación, no percibe un cambio en su calidad de vida, llegó el momento de visitar  al médico para el chequeo sistemático, y sobre todo, para que les oriente complementos vitamínicos o de minerales.

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