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Emilio Roig de Leuchsenring: Una vida por la cubanidad, la historia y la ciudad

1 de julio de 2021

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En recordación del nombramiento de Emilio Roig de Leuchsenring, como Historiador de La Habana entre 1935 y 1964, cada 1 de julio se celebra el Día del Historiador en Cuba.

Con Raida Mara Suárez Portal, quien acaba de ser reconocida con la primera edición del Premio Provincial de Historia, Eusebio Leal Splengler, conversamos sobre Roig, hombre progresista, iniciador de grandes batallas por la historia y el patrimonio habanero y cubano.

Roig fue presidente de la Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales, promovió instituciones para conservar el patrimonio e iniciativas como los Congresos de Historia, y dio impulso a publicaciones hoy imprescindibles como la colección Cuadernos de Historia Habanera. Fue esencialmente cubano, antiimperialista, defensor de la nacionalidad y del legado de quienes la modelaron, de los valores de nuestra historia en una época de retórica en la que se intentó que los cubanos olvidaran su historia.

 

 

¿Mara, se valora hoy la figura de Roig en su real dimensión? ¿Se le conoce por su obra, en la que, por cierto, no faltó le periodismo?

 

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La figura de Emilio estuvo perdida durante mucho tiempo, fue muy difícil su lucha durante aquella etapa. En 1959, Emilio comenzó a ver realizado su proyecto. En una revolución lo más grande es el proyecto de conmover todas las raíces y las formas sociales y cambiarlas. Y esta revolución es tan grande que supera las expectativas, solo que en 1964 Emilio murió y muchos pensaron que su obra había concluido. La Oficina del Historiador y sus objetivos pasaron a la Academia de Ciencias, dentro de Ciencias Sociales; un grupo de sus muebles fueron al Archivo, otros a la recién creada Academia de Ciencias. Todo se dispersó. Pero en 1967 un hombre que se nutrió de toda la enseñanza de Emilio, Eusebio Leal, retomó el proyecto. Leal tiene muchas características profundamente afines con Roig, como el amor por la nacionalidad y por el legado histórico. Y continuó la labor, quería retomarla y honrarla; no suplantar, sino honrar a Emilio. Leal se acercó a María Benítez, la viuda de Emilio, que siempre lo va a recordar; recuperó los muebles y los puso en el Palacio de Gobierno, luego de haber convencido al alcalde de que ese Palacio de Gobierno municipal debía convertirse en museo. Comenzó la obra con 4 o 5 personas para la restauración de ese inmenso palacio y trajo a María Benítez, trajo las cosas de Emilio y a los amigos de Emilio que siempre lo acompañaron en sus propósitos de la Sociedad de Arqueología y Etnología. Y volvieron Marinello, Carlos Rafael Rodríguez, Gay-Calbó, José Luciano Franco… Emilio estrechó vínculos con todos los intelectuales importantes de su época, los apoyó, por lo que ellos quedaron también comprometidos con Emilio. Leal los va a volvió a traer, y con ellos refundó la Oficina del Historiador en 1967. Todos honraron el compromiso de volver a apoyar a la Oficina y ayudarla en su desarrollo.

En cuanto al periodismo, ¿por qué Emilio opta por el periodismo? Porque es mucho más inmediato que el libro y dialoga más con la sociedad. La inmediatez del periodismo era lo que él necesitaba para la lucha y eso fue una elección que él hizo. Cuando se llevan tantas batallas y se desarrolla un pensamiento tan magno, es imposible que pueda un hombre vivir sentado durante un año investigando un tema histórico. No busquemos a Emilio para consultar sobre un tema; Emilio es el padre de la historiografía de Cuba.

 

 

Muchos reconocen la obra de Eusebio Leal como continuidad de la de Roig de Leuchsenring. Leal no se cansaba de rendir tributo a su predecesor, entre los cuales se cuenta la publicación de los 4 tomos de su epistolario, con más de 14 000 cartas de Emilio.

 

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Emilio sobrevive en su epistolario. Con María Benítez vinieron a la Oficina sus cartas, miles de cartas. Ha sido una labor increíble de selección, de cuidado; algunas necesitaron transcripción porque estaban escritas a mano. ¿Cómo plantear tan diversos temas, épocas tan diversas? Fue un trabajo excelente, realizado por la escritora Nancy Alonso González y la bibliógrafa Grisel Terrón Quintero, apoyadas por todas las compañeras del archivo y de la biblioteca. Fueron varios años trabajando en conjunto con el diseñador, porque quisimos que estas cartas fueran vistas con esa particularidad que les da el timbre del papel y la firma original. En su conjunto son muy interesantes porque van narrando y van llevando al lector de la mano por toda la vida de la república cubana en todos sus matices. Hay cartas muy interesantes, como las de Raúl Roa y Pablo de la Torriente Brau cuando estaban presos durante el machadato en el Presidio Modelo y le escribían a Emilio que, como persona que no tenía «nada que ver con nada», podía entrar y salir del presidio y llevarles cosas. Siempre fue el amigo a toda prueba de las causas justas. Son cartas que revelan también a un Emilio jocoso, agudo, simpático y valiente. Cuando uno comienza a conocer la personalidad de Emilio, realmente le cautiva esa gran capacidad que tuvo de enfrentar tantas cosas a la vez, todas con un hilo conductor perfecto. Él estaba unido a los zapateros, a todos los grupos sindicales, a las hermandades obreras, pero también le publicaba al obispo Dalmau, buscaba la razón intelectual sublime de Fernando Ortiz, se movía en la totalidad del pensamiento cubano y casi en la totalidad de las clases cubanas. Emilio nunca entendió la lucha de clases, eso no es un demérito, aunque para alguien dogmático pudiera serlo. Emilio no fue un comunista, no comprendió la teoría marxista, fue más bien un cubano íntegro. Nunca se planteó si Chacón y Calvo era un burgués o si el otro era un comunista… No, para él eran cubanos. Emilio elevó a Cuba, y elevó el ideario de Martí; elevó la nacionalidad cubana sin extremos, sin militar en el nacionalismo estrecho que lleva a dictaduras y fascismo. Lo hizo con ese nacionalismo inmenso que apoya y respeta todas las nacionalidades y trata de vivir en armonía. ¿Qué hubiera pasado sin hombres como Emilio, si hubiéramos dejado que se perdiera el legado de la educación cubana, el sentido real de aquellas luchas, la veracidad del esfuerzo de un pueblo por defender su nacionalidad y su independencia, el orgullo como nación? Él, junto a otros, supo orientar el pensamiento cubano y reunir los valores de la cubanidad y de la nación para proyectarlos hacia el futuro, con todos y para el bien de todos.

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